
(Bianca Jagger haciendo su entrada triunfal en Studio 54 el día de su 32 cumpleaños)

No sé si odio más a los conductores que no paramos en los pasos de cebra o a los peatones que cruzamos por donde nos da la gana.
Llevo un par de semanas de una intensidad inusual para mi estado actual. Sigo recuperándome de mi lesión brazuna, pero esto empieza a tomar otro matiz. Al final lo de la escayola no va a resultar tan antiproducente como pensaba. Seguramente se trataba de otra de esas pruebas que te obligan a parar, respirar y reconducir las cosas. Despacio. Prisa mata.
Habíamos pensado en abrir una consulta popular. Incluso en una fiesta de inauguración, con sus impresiones. Pero como dice la Tremen, “no tengo el chichi para farolillos”… Todo llegará. Así que nos hemos adelantado y hemos decidido vivir en Burbuja. Sucursal de Discordia y compañera de Patera.

En cuanto lo vi supe que sólo alguien como nuestra querida Anele (y sus múltiples personalidades) podría valorar un regalo como éste. A lo mejor por eso estaba al lado de la caja en una tienda de ropa fashion adolencente total esperando a que lo cogiera, cruzara el canal de la mancha con él y nos echáramos unas risas en Patera (de la cual Discordia es sucursal).
Tránsito en el aeropuerto de Miami. Táxi rápido hasta la Beach. Primera línea de playa, mas descontextualizados que nunca. Vaya jarta de calor y, con esta pinta que llevamos si optamos por el baño rápido igual hasta aparece Pamela. Mejor no, no estamos preparados para más emociones. Cochazos, canalillos y negracos por doquier. La pequeña Habana. Cuánto glamour y yo que cutre. Bistec, chips y café de litro. Volvemos. Esto es el principio del fin.